António Costa impulsa obras estratégicas como el AVE entre Lisboa y Oporto en su último Consejo de Ministros antes del cese | Internacional

Entre el anuncio de la dimisión de António Costa como primer ministro de Portugal y su efecto práctico ha pasado un mes exacto. El presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, tiene previsto publicar el decreto de cese del primer ministro y su Gobierno en la noche del jueves. Su destitución será efectiva a partir del viernes, cuando entrará en funciones hasta que les sustituya el nuevo gabinete que determinen las elecciones del 10 de marzo. Hasta entonces, Costa y sus ministros se limitarán a despachar asuntos de gestión.

Su último Consejo de Gobierno con plenos poderes se ha celebrado este jueves en Oporto. Y estuviese o no previsto, ha contado con algunas medidas simbólicas que afectan a infraestructuras esenciales que llevan décadas atascadas en el país. Una permitirá avanzar en el proyecto para construir la línea de alta velocidad entre Lisboa y Oporto, estratégica para un futuro corredor atlántico que enlace con Galicia. El objetivo es convocar un concurso internacional en enero, si cuenta con el visto bueno del Partido Social Demócrata, la principal fuerza de la oposición, y del nuevo líder del Partido Socialista, que celebra primarias entre la militancia los días 15 y 16 de diciembre.

La otra es una imposición a la empresa que gestiona los aeropuertos, que pertenece al grupo francés Vinci, para realizar obras en la terminal de Humberto Delgado, una infraestructura saturada y obsoleta que obtiene las peores clasificaciones entre las infraestructuras aéreas del mundo. Esta misma semana se difundió el ránking de AirHelp, una organización internacional que defiende los derechos de los pasajeros, que sitúa al aeropuerto de Lisboa como el cuarto peor en una lista de 194.

La construcción del nuevo aeropuerto, que se arrastra desde hace medio siglo, será decidida por el nuevo Gobierno. Es algo que no logró resolver en sus ocho años de gestión António Costa y que esta semana se mostró casi aliviado por librarse de tomar la decisión sobre la ubicación definitiva. “Nunca habrá ninguna solución que genere unanimidad”, señaló el primer ministro, que impulsó la creación de una comisión técnica independiente para evaluar las mejores opciones y que fue consensuada con el líder de la oposición, Luís Montenegro.

Esta semana se presentó el informe, que propone la construcción de una nueva infraestructura en Alcochete, en la margen sur del Tajo, y el mantenimiento del Humberto Delgado mientras el nuevo aeropuerto no esté a pleno rendimiento con dos pistas. Sus conclusiones son orientativas y no de obligado cumplimiento para el Ejecutivo. En cualquier caso, no será el Gabinete de Costa el que determine el futuro de la nueva infraestructura, vital para un país donde el turismo representa el 16,8% del PIB, según las previsiones para este año del Consejo Mundial de Viajes y de Turismo. “Creo que este Gobierno no tendrá legitimidad para tomar una decisión sobre esta materia. Quien esperó 50 años, esperará unos meses más por la decisión”, ironizó.

En Oporto, donde se ha celebrado la última edición de la iniciativa Gobierno + Próximo, que ha permitido organizar Consejos de Ministros por todo el país, António Costa destacó que la aprobación de medidas preventivas para consolidar el recorrido de la línea ferroviaria de alta velocidad es necesaria para avanzar en la infraestructura. “En enero tendremos condiciones técnicas para convocar el concurso para desarrollar esta línea, cuya decisión final corresponderá al nuevo Gobierno”, señaló.

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A la crisis política provocada por la dimisión del primer ministro tras anunciarse que era investigado por el Tribunal Supremo, y la detención de su jefe de gabinete, Vítor Escária, Portugal ha sumado en los últimos días un nuevo torbellino que amenaza al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa. La Fiscalía General de la República investiga lo ocurrido en el tratamiento médico privilegiado que tuvieron dos gemelas brasileñas en 2020 para recibir uno de los fármacos más caros del mundo en un hospital de Lisboa. Esto ocurrió después de que el hijo del presidente se interesase por el caso en un correo electrónico que envió a su padre.

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