La Asamblea nacional inflige un revés a Macron al rechazar su ley de inmigración | Internacional

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sufrido este lunes uno de los más severos reveses parlamentarios desde que en 2017 llegó al poder. Una mayoría de la Asamblea Nacional ha rechazado por sorpresa debatir la ley de inmigración, proyecto central, junto a la reforma de las pensiones, desde su reelección en 2022. La ley combinaba medidas represivas con otras más progresistas. Y así acabó por no contentar a nadie.

La iniciativa llevaba la estampa del ministro del Interior, Gérald Darmanin, quien presentó la dimisión a Macron durante un breve encuentro en el palacio del Eliseo, tras la votación. “Es normal”, dijo después el ministro en una entrevista en el telediario de la cadena TF1. “Cuando se fracasa, se fracasa”. Macron rechazó la dimisión.

La “moción de rechazo”, presentada por los diputados ecologistas, recogió 270 votos a favor y 265 en contra. El resultado implica que, en contra de lo previsto, el texto no podrá debatirse, enmendarse ni votarse en la Asamblea Nacional en las próximas dos semanas. Además, sirve para recordar una realidad incómoda para Macron: aunque dispone el grupo con más diputados, carece de mayoría parlamentaria.

Desde la extrema derecha de Marine Le Pen a la extrema izquierda, pasando por la derecha moderada, socialistas y comunistas, se formó una insólita coalición para torpedear el proyecto de ley. La izquierda votó a favor de la moción por considerar que esta era demasiado represiva y contraria a los inmigrantes. Para la derecha, en cambio, era demasiado laxa y abría las puertas a la regularización de extranjeros sin papeles y su instalación por Francia.

Para todos, era sobre todo una manera de castigar a Macron y a su primera ministra, Élisabeth Borne, a quienes acusan de gobernar con autoritarismo y con desprecio por el Parlamento. La adopción de la reforma de las pensiones por decreto en la pasada primavera, en medio de movilizaciones masivas y pese a la oposición de la mayoría de franceses, ha dejado heridas.

El principal damnificado es Darmanin, más que Macron o incluso la primera ministra Borne. Este era su proyecto. Se jugaba, y se juega, su crédito. Con él pretendía catapultarse a lo más alto de la política francesa.

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Darmanin, adscrito al ala más derechista del macronismo, no esconde sus ambiciones. Quiso que Macron le designase primer ministro este verano para sustituir a Borne. Sin éxito. Sueña, en la estela de otros ministros del Interior como Nicolas Sarkozy, con suceder a Macron en el Elíseo en las elecciones de 2027.

El Gobierno, por el momento, tiene tres opciones. Una es archivar la norma definitivamente, opción que Darmanin parece descartar. Otra, llevarla al Senado, que está controlado por la derecha de Los Republicanos (LR) y ya había adoptado una versión más represiva del texto. La tercera es convocar la comisión paritaria Asamblea Nacional-Senado y buscar un consenso. En el segundo y tercer caso, el riesgo para los macronistas es que acabe siendo una ley de LR y no la que originalmente habían diseñado.

El texto contemplaba facilitar la expulsión de extranjeros que hubiesen cometido crímenes y delitos graves y fueran una amenaza para el orden público. También preveía otorgar permisos de residencia para los inmigrantes sin papeles que trabajasen en sectores con escasez de obra. Era la perfecta expresión de la filosofía macronista del “al mismo tiempo”, su muletilla predilecta. Al mismo tiempo represión y apertura. Al mismo tiempo de derechas y de izquierdas.

Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional, el primer partido de oposición, dijo que el voto en la Asamblea fue “una desautorización del al mismo tiempo, que es una auténtica estafa política”. “Esta ley”, añadió, “era una ley pro-inmigración, que pretendía organizar la acogida de cada vez más inmigrantes”. Mathilde Panot, líder parlamentaria del primer partido de la izquierda, La Francia Insumisa, celebró: “Ahorraremos al país dos semanas de discursos xenófobos.”

El revés en la Asamblea Nacional reabre el debate sobre la viabilidad del Gobierno y la primera ministra Borne. Desde las legislativas de 2022, Macron ha logrado gobernar sin mayoría absoluta y a golpe de decreto. Una mayoría más amplia, quizá con la derecha moderada de LR, permitiría al presidente encarar con más comodidad el tramo final de su mandato.

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