Pedro Nuno Santos: El efecto Marcelo: las puertas giratorias entre la política y la televisión en Portugal | Internacional

Un experto como Ricardo Costa, director de información de la cadena portuguesa SIC, opina que la televisión no construye presidentes de la República. Tenga o no razón, lo cierto es que el actual, Marcelo Rebelo de Sousa, arrasó en su carrera hacia la presidencia después de haber arrasado en audiencia con su comentario semanal en la TVI. “Los 15 años que Marcelo estuvo en la televisión todas las semanas construyó una familiaridad con los espectadores. Antes no era muy conocido por la mayoría, aunque sí lo era entre las élites. La televisión fue fundamental en su carrera, sin ella no habría podido hacer la campaña que hizo luego”, sostiene por teléfono Rita Figueiras, investigadora en el área de Comunicación Política de la Universidad Católica de Lisboa y autora del libro El efecto Marcelo, que analiza el impacto del comentario político en televisión.

Días antes de ser elegido en primera vuelta con el 52% de los votos, el propio protagonista reconocía el vínculo que había creado con su programa en una entrevista con EL PAÍS: “Es una relación de proximidad que no es muy habitual en la vida social portuguesa. Eso permitió que mi vida fuera controlada, acompañada y escrutada por el público y que yo también mantuviese un contacto permanente con millones de personas. Recibí decenas de miles de cartas, faxes y correos electrónicos, y respondí a todos, y he recorrido el país varias veces”.

Su campaña excluyó los mítines, los almuerzos populares, el reparto de propaganda y las donaciones de empresarios. Salía a la calle y conversaba con los que se iba encontrando a su paso. La televisión le catapultó de sus anteriores círculos exclusivos (Parlamento, universidad y Fundación de los Braganza, la dinastía que aspira a restablecer una monarquía en Portugal) y lo introdujo en las casas de todos. El presidente atípico que hoy es –se dice que cada portugués tiene un selfi con Marcelo– nació en aquel espacio de más de una hora donde lo mismo hablaba de política que recomendaba libros.

El político portugués Marcelo Rebelo de Sousa, en uno de sus programas en la TVI.
El político portugués Marcelo Rebelo de Sousa, en uno de sus programas en la TVI.tvi

El hueco que Rebelo de Sousa dejó en la televisión al convertirse en jefe del Estado en 2016 se ha fragmentado entre varios políticos con comentario semanal como el ex viceprimer ministro Paulo Portas (CDS-PP, derecha) en el espacio Global en la TVI, el ex ministro Luís Marques Mendes (PSD, centroderecha) en la SIC o la exeurodiputada socialista Ana Gomes en la SIC Notícias. A ellos se sumó el 8 de octubre el exministro de Infraestructuras, Pedro Nuno Santos, con un comentario semanal en la SIC Notícias que ha durado poco. El tsunami político provocado tras la dimisión de António Costa y la convocatoria de elecciones anticipadas el 10 de marzo le ha llevado a finalizar el programa un mes después para centrarse en la batalla por el liderazgo interno en el PS en el que se enfrenta al ministro del Interior, José Luis Carneiro, como principal adversario.

“La presencia en un espacio semanal le daba una visibilidad y un reconocimiento que podía beneficiar su estrategia política”, opina Rita Figueiras. “Hay muy pocos políticos que logren tener una carrera importante al margen de la televisión. Digamos que no es una condición suficiente, pero parece una condición necesaria”, señala la investigadora, que considera que las cadenas portuguesas se inspiraron en el modelo latinoamericano del político comentarista.

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La televisión no crea líderes de la nada, pero apuntala su proyección. El ultraderechista André Ventura ganó popularidad como comentarista antes de fundar Chega y la actual coordinadora del Bloco de Esquerda, Mariana Mortágua, se afianzó tanto en las comisiones de investigación a la banca como en su participación semanal en el programa Linhas Vermelhas.

Tras un estudio sobre la persuasión de los comentaristas políticos realizado en la Universidad da Beira Interior, Denise Rodriguez Nunes observó que influyen en la opinión pública si logran establecer un vínculo emocional con la audiencia y tener credibilidad. “Para conseguir influir en alguien es necesario ser creíble”, concluyó.

Tres primeros ministros, António Costa, José Sócrates y Pedro Santana Lopes, tuvieron su espacio político. El único que lo hizo antes de llegar al cargo fue Costa. El fichaje del socialista Sócrates por la cadena pública RTP al salir de São Bento fue el más polémico de todos, con campañas en contra de su presencia que no surtieron efecto. Solo perdió su programa tras ser detenido el 22 de noviembre de 2014 en el aeropuerto de Lisboa en el ámbito de la Operación Marqués, que investigaba una trama de fraude fiscal, blanqueo de capitales, falsificación documental y corrupción en algunas de las principales instituciones y empresas del Estado luso.

Rita Figueiras considera que la irrupción de los políticos como comentaristas se dispara a partir de 2000, con el fichaje de Marcelo Rebelo de Sousa por la TVI. “Ese año se produce un cambio en la propiedad de la cadena y se traduce también en un cambio en la programación para diferenciarse. Deciden entonces llevar el comentario político a un horario de máxima audiencia”, explica la investigadora. El éxito no se dio en dos días, pero el político del PSD y profesor de Derecho Constitucional demostró que poseía un talento mediático mayúsculo. Según Figueiras, “atrajo una audiencia más popular y obligó a cambiar la estrategia del resto de canales”.

Además, tenía impacto. Lo que Marcelo Rebelo de Sousa decía el domingo, se replicaba como noticia en otros medios. Algo que también ocurre ahora con Luís Marques Mendes, que parece dispuesto a recorrer el camino de su colega del PSD. Aprovechando su espacio televisivo, Marques Mendes se colocó en la carrera presidencial a finales de agosto. “Si un día considero que, con una candidatura a la Presidencia de la República, puedo ser útil al país, tomaré esa decisión”, anunció. En Portugal consideran que está viendo si hay agua en la piscina.

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