Los aspirantes republicanos a la presidencia acusan a las universidades de anidar el antisemitismo | Internacional

Donald Trump habla en la reunión anual de la Coalición Judía Republicana, celebrada en Las Vegas.
Donald Trump habla en la reunión anual de la Coalición Judía Republicana, celebrada en Las Vegas.CAROLINE BREHMAN (EFE)

Las gorras de Make America Great Again volvieron a Las Vegas. El controversial accesorio de los simpatizantes de Donald Trump apareció incluso en forma de kipá en la reunión anual de la Coalición Judía Republicana (RJC, por sus siglas en inglés). Los miembros de este poderoso lobby judío recibieron con muchas expectativas a quien lidera la competencia para hacerse con la candidatura republicana a la presidencia en 2024. Trump compareció el año pasado ante el influyente grupo conservador de forma remota, pero en esta ocasión lo hizo en persona para subrayar su compromiso con la guerra que Israel inició contra Hamás. “Esta es una lucha entre la civilización y la barbarie, entre la decencia y la depravación y entre el bien y el mal”, opinó el expresidente, quien fue recibido por los asistentes con una ovación de pie y carteles que decían “Beat Biden!” (Derrota a Biden).

La convención anual de la RJC se desarrolló mientras Israel entraba en la Franja de Gaza en lo que el primer ministro Benjamín Netanyahu llamó una nueva fase de la ofensiva contra Hamás. Dentro del casino Venetian, los tambores de la guerra hacían eco en los discursos de los aspirantes de la presidencia. “Que Hamás sienta la ira de Dios. Que la sienta con un poco de ayuda del armamento estadounidense”, dijo Tim Scott, el senador de Carolina del Sur, uno de los ocho aspirantes que busca escalar posiciones en una competencia que Trump lidera con holgura.

Uno a uno desfilaron los ocho aspirantes, quienes juraron lealtad al Gobierno de Israel y su ofensiva en Oriente Próximo. Cada candidato prometía mano dura contra el extremismo islamista de llegar a la Casa Blanca y avalaba sin matices el derecho de Israel a defenderse, sin importar las dudas que la comunidad internacional ha mostrado ante la defensa que Jerusalén emprendió tras el ataque del 7 de octubre.

Los republicanos coinciden también en abrir en las universidades un nuevo capítulo de la guerra cultural que enfrenta a republicanos y conservadores. Los aspirantes a la presidencia consideran que centros como Princeton y George Washington, entre muchos otros, albergan y toleran el antisemitismo al permitir manifestaciones en favor de Palestina. “Lo que muestra esto que es lo enfermas que están las universidades porque han sido presa de la ideología, han sido capturadas y corrompidas por la agenda woke [progresista]”, ha asegurado Ron DeSantis, el gobernador de Florida, quien ha prometido cancelar la visa a estudiantes extranjeros que se sumen en su Estado a manifestaciones en favor de los árabes.

La iniciativa de DeSantis ha sido imitada por casi todos sus rivales. El senador Scott se pronunció en favor de quitar “hasta el último centavo de recursos federales” a los centros que permitan este tipo de manifestaciones. Chris Christie, el exgobernador de Nueva Jersey, el único abucheado entre los asistentes al ser el único que critica abiertamente a Trump, consideró que la libertad de expresión no protege las protestas que se están llevando a cabo a manera de repudio de la ofensiva de Israel, que ha dejado más de 7.000 muertos en Gaza y una destrucción sin precedentes. “Lo que está pasando en nuestras universidades es discurso de odio que invita a la violencia. Y eso tendrá un impacto en nuestros hijos, quienes no deberían de preocuparse por mostrar su fe en público”, aseguró Christie.

Los aspirantes conservadores han naturalmente criticado la gestión del presidente Joe Biden desde que inició el conflicto. El presidente respaldó a Netanyahu, con quien tiene una larga amistad. El rápido incremento de víctimas del bando palestino le ha generado grietas en el apoyo entre los demócratas, ha revelado una encuesta reciente de Gallup. Su posición en Oriente Próximo lo ha alejado particularmente de los votantes más jóvenes. El 48% de los simpatizantes de la Generación Z y los millennials tienen reparos en el respaldo a la ofensiva militar israelí. “Este conflicto ha creado divisiones incómodas entre los demócratas. El único parido donde el apoyo a Israel no está fraccionado es el Republicano”, ha asegurado este sábado en Las Vegas Ari Fleischer, el portavoz de la presidencia de George W. Bush.

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Mike Pence y su esposa Karen se despiden tras anunciar que abandona la contienda rumbo a las presidenciales de 2024.
Mike Pence y su esposa Karen se despiden tras anunciar que abandona la contienda rumbo a las presidenciales de 2024.CAROLINE BREHMAN (EFE)

“Biden debe acabar con todo mensaje que pide a Israel limitar el uso de la fuerza”, señaló el ex vicepresidente Mike Pence, quien usó su tiempo en el foro para anunciar su salida de la competencia. El abandono robó la atención mediática del evento, pues el antiguo gobernador de Indiana se convirtió en el primer político de alto perfil que tira la toalla en el proceso. Pence pidió a la Administración Biden apoyar a Israel “sin condiciones” y cerrar el paso de ayuda humanitaria a la franja de Gaza hasta que Hamás libere a cada uno de los más de 200 secuestrados por Hamás. Esta fue otra propuesta ovacionada en la jornada.

“Debemos de eliminar a los terroristas para que no hagan daño nunca más. Este país nunca ha sido neutral en la batalla entre el bien y el mal. Siempre debemos elegir un bando que sirva a nuestros intereses nacionales”, consideró Nikki Haley, la embajadora de Trump ante la ONU y la única mujer que lucha por la candidatura republicana. Haley utilizó el escenario para abogar también en favor de Ucrania en un momento donde los sectores más radicales de la derecha ponen en duda la continuidad del apoyo monetario a la guerra en Europa del Este. “Anoten mis palabras: Aquellos que quieren abandonar a Ucrania hoy son un riesgo pues pueden abandonar a Israel mañana”, añadió Haley.

El golpe de Haley iba dirigido en particular a Vivek Ramaswamy, quien intenta llevar el populismo de Trump a una generación más joven de votantes. El empresario fue el primero de los aspirantes que desfiló ante el lobby judío. En un discurso que sonaba a haberse estudiado la historia de Israel en una sola noche, el novato en política citó en abundancia a David Ben-Gurión y habló de un rabino que conoció en Yale. Fue el que menos ayuda comprometió al aliado de Estados Unidos en Oriente. “Israel debe usar el único lenguaje conocido para sus enemigos, el de la fuerza. Si Israel debe destruir Hamás, debe ir a hacerlo. Si quieren destruir Hezbolá, deben hacerlo … si quieren poner en marcha la versión 2.0 de Múnich e ir a cazar a los líderes de Hamás allá donde estén, que lo hagan. Pero son decisiones que Israel debe tomar, no Estados Unidos”, aseguró.

El tono de la jornada lo había fijado desde temprano Ronna McDaniel, la presidenta del partido conservador. “Esta es una lucha del bien contra el mal. Quien está con quien ha matado niños y secuestrado ancianos está con el mal”, dijo en un discurso de blanco y negros que más o menos todos los aspirantes repitieron en la tribuna. La guerra en Oriente Próximo será uno de los temas principales en el tercer debate del partido, que se celebrará ya sin Pence en Miami el 8 de noviembre. Trump, agobiado por sus causas judiciales, se ha saltado los primeros dos y planea celebrar un mitin en la ciudad de Florida el mismo día que se reunirán sus rivales.

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